11 feb. 2014

várices y ejercicio físico


En este artículo, veremos el papel que tiene la actividad física sobre la insuficiencia venosa crónica, enfocándonos principalmente en su manifestación más frecuente, la flebectasia o varices. Las varices no se tratan simplemente de un problema estético, sino de una enfermedad que debe tomarse muy en serio.
Además, esta enfermedad adquiere una  gran importancia en nuestra sociedad, generando una gran repercusión laboral y un elevado gasto médico. En 2009, se calcula que aproximadamente 2.500.000 personas presentan varices en España. Para intentar entender en qué consisten y cómo se producen las varices, vamos a explicarlo brevemente. En primer lugar, decir que las varices se producen comúnmente en las extremidades, y de forma más habitual en las piernas. En ellas, debemos diferenciar el sistema venoso profundo y el sistema venoso superficial, pues bien,  las varices tienen lugar en este último. Estas se forman a partir de la debilidad del tejido conjuntivo (venas), esta debilidad favorece que la presión sanguínea dilate las venas, esto hace que el sistema valvular falle (este sistema se encarga de dirigir la sangre hacia el corazón, venciendo la fuerza de la gravedad debido a nuestra posición bípeda) y a consecuencia de esto la sangre tiende a acumularse en los tejidos. Además, la pared de los vasos cede, deformándose y adquiriendo un aspecto serpenteante tan característico de las varices. Además de este aspecto tan poco estético que presentan las varices, debemos tener en cuenta que existen otros síntomas como dolor, hinchazón (edemas), calambres, piernas cansadas y pesadas. Si esta situación se alarga en el tiempo, puede existir riesgo de coagulación sanguínea donde esta se encuentra retenida, y que sea transportada por la sangre hasta el corazón o los pulmones. Decir que no siempre es posible observar externamente las varices, ya que estas pueden situarse en zonas más profundas. Si se da esta situación, podemos experimentar hinchazón en la pierna, lo cual es signo de alarma. Suelen padecer esta patología: personas que pasan mucho tiempo de pie o sentadas, es más frecuente en mujeres, sobre todo embarazadas (debido a que el peso añadido del feto dificulta el reflujo venoso), este hecho hace que también se algo habitual entre personas obesas. En cuanto a tratamiento se refiere, podemos optar por el tratamiento quirúrgico o técnicas como la escleroterapia (inyección de una sustancia irritante en el interior de la vena dañada) entre otras. Sin embargo, a pesar de estas opciones, decir que no existe ninguna solución definitiva y realmente eficaz para este problema. Por lo tanto, el aspecto preventivo adquiere una gran relevancia. Por ello, debemos tener en cuenta lo siguiente: Evita estar durante mucho tiempo de pie. Si tienes sobrepeso, debe reducirlo. Al igual que estar de pie, debes evitar permanecer sentado largos periodos de tiempo, así como mantener las piernas cruzadas. Si tu profesión te obliga a estar sentado, trata de ponerse de pie (con una frecuencia de una hora como máximo) y cambia de posición frecuentemente. Es muy recomendable poner las piernas en alto cuando permanecemos sentados, para favorecer la circulación sanguínea. No estar cerca de fuentes de calor (radiadores, braseros…). No utilizar ropa muy ajustada para evitar cortar la circulación. Evitar calzado plano y de tacón alto. Chorros de agua fría en las piernas (las venas se encogen y esto facilita el reflujo venoso). Masajes friccionando suavemente de forma ascendente desde el tobillo al muslo. Por último y fundamental, incluye el ejercicio físico como un hábito diario.


Fuente: buenaforma.org

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